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16 de mayo de 2018

Boletín de Gestión del Medio Natural y Espacios Protegidos. Abril 2018. Nº 10

Ilustre Colegio Oficial de Geólogos de Andalucía

XX Aniversario de la restauración del Guadiamar: una actuación ejemplar de descontaminación minera y restauración ecológica
La rotura del muro de contención de la balsa de estériles mineros de la mina de Aznalcóllar, la madrugada del sábado 25 de abril de 1998, ocasionó una de las mayores catástrofes ecológicas de las últimas décadas en Europa

La cuenca del Guadiamar, por sus características geográficas, es el más importante entre los sistemas hidrológicos que, desde un punto de vista hídrico, alimentaban la marisma del Gran Ecosistema Litoral de Doñana, constituyendo por tanto el sistema natural de conexión más importante entre los ecosistemas del litoral de Doñana y de Sierra Morena Occidental.

Durante miles de años, los pobladores de este territorio han obtenido de la cuenca, los cauces fluviales y las llanuras de inundación del Guadiamar múltiple bienes y servicios. Sin embargo, la intensa presión humana ejercida durante los últimos siglos ha ocasionado la pérdida de funcionalidad de mucho de sus ecosistemas y, por tanto, de su valor social, destacando entre ellos el de servir de corredor de especies y procesos naturales entre la sierra y el litoral, además de servir de agente primordial en el régimen de inundaciones de las marismas del Guadalquivir.

Con la rotura de la balsa de estériles en abril de 1998, la mayor parte de la superficie del valle aluvial del curso medio-bajo del Guadiamar quedó dañada por el vertido minero, aunque por el avanzado estado de degradación y transformación que presentaba la zona antes del accidente y por la medidas de urgencia llevadas a cabo tras el desastre, apenas se vieron afectados directamente ecosistemas de especial interés.

El Plan de Medidas Urgentes puesto en marcha de forma coordinada entre las administraciones, tanto regionales como de la nación, consistió fundamentalmente en la retirada de los lodos contaminados y la depuración de las aguas ácidas, aisladas con muros de tierra para que no entrasen en Doñana, así como la adquisición de terrenos por parte de la administración y actuaciones correctoras sobre los suelos afectados por el vertido (enmiendas calizas, aportes de materia orgánica y la inmovilización de los restos de arsénico mediante aportaciones de materiales ricos en carbonatos y óxidos de hierro amorfos).

Una vez culminadas, en otoño de 1999, las acciones contempladas en el Plan de Medidas Urgentes, se inicia las labores propias de restauración ecológica del Corredor del Guadiamar, entendiéndose estas como el conjunto de actuaciones a corto, medio y largo plazo (Estrategia del Corredor Verde del Guadiamar), que se dirigen a restablecer el funcionamiento de los ecosistemas degradados, devolviéndolos a unas condiciones dinámicas lo más parecidas posibles a las que le corresponderían de no haber sido afectados por incidencia alguna. En el caso del Guadiamar, lo que se pretendió con la restauración fue que el río recuperase sus condiciones originales, previas al accidente minero, pero también previas a las importantes transformaciones que había sufrido a lo largo de su historia.

Por lo tanto, el objetivo vertebrador del proyecto de restauración del Corredor Verde, estribaba en devolver a la cuenca del Guadiamar su función de corredor ecológico entre el litoral de Doñana y la Sierra Morena Occidental, dado que la restauración del flujo de especies y de procesos biofísicos que determinan las tramas naturales del territorio constituye una herramienta fundamental para conservar la elevada biodiversidad de esta zona del suroeste peninsular y mantener la integridad ecológica de sus singulares ecosistemas, fomentando al mismo tiempo el desarrollo sostenible de la zona.

A finales de 1999 es cuando comienzan las labores de restauración, propiamente dichas, mediante la reforestación de aquellas zonas ecodinámicamente más estables. El objetivo perseguido fue el de reconstruir una cubierta vegetal equivalente a la que habría existido si la mano del hombre no hubiera incidido sobre el territorio de manera secular.

Dentro del área de trabajo se diferenciaron dos ámbitos por sus características naturales y el modo en el que se vieron afectados por el vertido minero. Por una parte se consideró la zona de las marismas de Entremuros, perteneciente al Parque Natural de Doñana, que resultó afectada fundamentalmente por la retención, durante varios meses, de las aguas ácidas del vertido.

La otra parte correspondió al tramo superior que se extiende desde Entremuros hasta la balsa minera, formada por los terrenos y la llanura aluvial del río Guadiamar, los cuales resultaron principalmente dañados por los lodos piríticos.

Restauración de las marismas de Entremuros
Las actuaciones realizadas en las marismas de Entremuros consistieron en la eliminación de los principales impactos que modificaban el sistema hidrológico de su funcionamiento natural (canalizaciones, caminos, drenajes, etc.), así como en la reconstrucción del micromodelado de caños, vetas, bancos laterales, barras, etc., que habían sido destruidos, primero, por las transformaciones agrícolas y, después, por las tareas de limpieza tras el vertido minero. Como referencia temporal se consideró la situación existente a comienzos de los años 50 del pasado siglo, ya que entonces la alteración humana era aún leve, anterior a las principales obras de canalización del Brazo de la Torre y las obras de transformación agrícola del Plan Almonte-Marismas.

En cuanto a la restauración vegetal se descartó una posible replantación generalizada de las más de 1.600 hectáreas de la zona, optándose por facilitar la recolonización natural de la vegetación marismeña. Para impulsar este proceso se llevaron a cabo plantaciones de pequeñas parcelas con plantas de saladares características de la zona para que funcionaran como áreas de dispersión.

Restauración de la llanura aluvial del río Guadiamar
La restauración de los ecosistemas de la llanura aluvial que se vieron afectados por los lodos piríticos se concretaron en el diseño y construcción de un auténtico corredor ecológico fluvial. El proyecto de restauración se centró en la recuperación, por una parte, de la dinámica del sistema fluvial y, por otra, de los hábitats naturales y los paisajes de ribera. La adquisición de las propiedades afectadas por el vertido minero permitió plantear la restauración funcional del sistema fluvial con un enfoque ambicioso, considerando la totalidad de dicho sistema hasta los límites externos de la llanura de inundación.

Para el cauce se consideró importante recuperar los procesos de la dinámica fluvial antes que la reconstrucción de su morfología. En todo momento se tuvo en cuenta la capacidad de autorrecuperación que poseen los sistemas naturales, en modo especial los presentes en ambientes mediterráneos. Se favoreció la restauración de los flujos, tanto en sentido longitudinal como lateral, eliminando las barreras que lo impedían o dificultaban. Se eliminaron estructuras transversales que interrumpían la continuidad del cauce, provocando la división del curso del río en diversos sectores estancos de encharcamiento artificial, alterando drásticamente el régimen del río e interrumpiendo el flujo de las especies acuáticas.

La restauración vegetal se ha desarrollado con diversas tareas y fases, entre las que destacan la preparación de los suelos, los aportes de materia orgánica y la plantación de los antiguos terrenos agrícolas. La reforestación se llevó a cabo según distintos modelos de plantación, de acuerdo con las condiciones naturales propias de cada zona, no siendo concebida como meta en sí misma, sino más bien como el inicio de un proceso de recolonización y desarrollo de las comunidades vegetales naturales, destinado además a frenar los fenómenos erosivos presentes en la zona.

Todas las plantas utilizadas fueron especies autóctonas, desde las propias de ribera (álamo, fresno, sauce, almez, etc.) hasta las características del bosque mediterráneo (encina, alcornoque, acebuche, algarrobo, así como numerosas especies arbustivas). La densidad de plantación osciló entre 700 y 900 plantas por hectárea, siendo distribuidas de manera no lineal para conseguir una mayor sensación de naturalidad.

Aparte de la forestación, se realizaron otras intervenciones destinadas a facilitar la reforestación autóctona, como la eliminación de vegetación exótica (casuarinas, acacias y sobre todo eucaliptos) que cubrían amplios sectores de las riberas.

En cuanto a la restauración de las riberas inmediatas al cauce se optó por la no intervención en la mayoría de las situaciones, bajo la filosofía de la restauración pasiva, favoreciendo de este modo el desarrollo espontáneo de la vegetación riparia. Con el tiempo transcurrido desde la ejecución de estas actuaciones se ha comprobado que la capacidad de regeneración natural de la vegetación riparia ha sido muy satisfactoria, poniendo de manifiesto la enorme capacidad de regeneración natural que poseen los medios fluviales mediterráneos tras importantes perturbaciones, o dicho de otro modo, su alto grado de resiliencia.

Mención aparte requieren acciones de restauración de carácter puntual sobre graveras abandonadas, que dada su morfología particular, se acumularon grandes cantidades de lodos en ellas, por lo que tuvieron que ser objeto de una más intensa labor de limpieza y restauración, sobre todo por el hecho de que estas zonas eran puntos vulnerables como lugares de posible contaminación a los acuíferos sobre las que se ubicaban. Ejemplo de ello la restauración llevada a cabo en la Gravera de la Doblas, donde se ha conseguido la recuperación de un humedal degradado, mediante la aplicación de técnicas de bioingienería y primando en el proceso de restauración aspectos relacionados con el uso público como mecanismo idóneo para que reviertan a los ciudadanos las actuaciones que la administración ejecuta en el medio natural.

Actualmente desde la Dirección General de Gestión del Medio Natural y Espacios Protegidos se siguen llevando a cabo en la zona diversas actuaciones como labores de mantenimiento en las plantaciones llevadas a cabo, mejora de hábitats para la flora y fauna, trabajos selvícolas preventivos, así como mantenimiento y adecuación de las instalaciones de uso público, todas ellas ejecutadas a través de licitaciones de proyectos de obra o mediante encomiendas de gestión a los entes instrumentales de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía.

Fuente de esta noticia:
XX Aniversario de la restauración del Guadiamar: una actuación ejemplar de descontaminación minera y restauración ecológica

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Boletín Medio Natural y Espacios Protegidos nº 10

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